La Blasfemia contra el Espíritu Santo

La Blasfemia

Tema: “La Blasfemia contra el Espíritu Santo”

“Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, permanecerá su reino? Y si echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” San Mateo 12:32-34, San Marcos 3:22-30, San Lucas 11:14-20.

Luego de Adán y Eva haber pecado, Jehová nuestro Dios promete a la raza humana caída, un Redentor, un Salvador (Génesis 3:15). En San Mateo 1:18 encontramos que María concibió del Espíritu Santo. Aquí encontramos el comienzo de la relación entre el Espíritu Santo y Jesús hombre. San Lucas 1:41 nos dice que cuando María visitó a su pariente Elizabeth, madre de Juan el Bautista, éste saltó en el vientre de Elizabeth, la cual fue llena del Espíritu Santo. San Lucas 2:25-26 narra que el Espíritu Santo le reveló a Simeón, hombre justo y piadoso, que Jesús era el ungido del Señor.

Después de Jesús haber sido bautizado por Juan el Bautista, el Espíritu Santo descendió del cielo en forma de paloma, y permaneció sobre Él (San Juan 1:32). Juan el Bautista dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (San Mateo 3:11). Luego de ser bautizado Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado (San Lucas 4:1-2).

San Lucas 4:14 nos dice que Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu y enseñaba. En el día de reposo fue a Nazaret y leyó en el libro del profeta Isaías, donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” San Lucas 4:15-19.

En este estudio creo muy necesario reconocer a la persona de Jesús como hombre y como Dios. Para poder comprender el ministerio de Jesús hombre, es requisito indispensable que reconozcamos y aceptemos las limitaciones que tuvo como ser humano. No es fácil para nosotros, que somos seres finitos terrenales, entender un ser que fue humano y Dios a la misma vez. “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (San Lucas 1:35).

Los poderes sobrenaturales de Jesús como Dios, se deben a la presencia del Espíritu Santo en Él. San Lucas 4:14 nos dice que Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu. En San Lucas 4:18, el mismo Señor Jesús nos dice: “el Espíritu del Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas…” Aquí podemos apreciar que el mismo Jesús reconoce que siendo hombre, su poder sobrenatural procede del Espíritu Santo que está en Él. En San Mateo 12:18 Jehová Dios dice: “He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi amado en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre Él…” En esta porción bíblica, Jehová Dios se refiere a Jesús como hombre. “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (San Mateo 12:28). En el texto anterior, también el mismo Jesús deja claramente establecido que lo que Él hace, lo hace por el poder del Espíritu Santo. San Mateo 12:22 relata que le llevaron a Jesús un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.

Los fariseos no podían negar lo que Jesús hacía. Ellos habían observado la realización de éste y muchos otros milagros. Por cuanto no podían negar lo que veían con sus propios ojos, le adjudicaron a Beelzebú, el poder que sabían tenía Jesús. Estos fariseos habiendo sido testigos oculares de todo lo realizado por el Espíritu Santo de Dios, habiendo estado presentes frente a nuestro Señor Jesucristo mientras realizaba todos estos milagros, blasfemaron contra el Espíritu Santo. Por esto el Señor dijo: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el hijo del hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” San Mateo 12:32. “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” San Juan 3:19.

El hijo del hombre fue Jesucristo como hombre, pero el que actuaba en Él haciendo milagros y prodigios, era el Espíritu Santo.

Por esta razón, resumo que la blasfemia contra el Espíritu Santo ocurre cuando recibimos el mensaje del evangelio y no aceptamos a Jesucristo. Estos fariseos, a pesar de haber visto y escuchado los milagros y maravillas realizados por el Espíritu Santo a través de la persona de Jesús, no le aceptaron. Es decir, no aceptaron a Jesús como el Mesías, por tanto, no recibieron la salvación ni la vida eterna. De igual manera, cualquier persona que es expuesta al evangelio de nuestro Señor Jesucristo y no le recibe como su único y exclusivo Salvador, tampoco será perdonado.

Si ya aceptaste al Señor, no tienes que temer blasfemar al Espíritu Santo. Cuando aceptaste al Señor, el Espíritu Santo entró a morar en ti. Tú eres templo del Espíritu Santo, el cual estará en ti para siempre. “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” San Juan 7:38-39.