La Salvacion Eterna

Introducción General

Tema: “Introducción General”

Desde que Satanás se rebeló contra Dios, llevándose una gran cantidad de ángeles con él, ha continuado su rebelión hasta el presente. Los ángeles que se rebelaron junto a él, son los demonios. Cuando Dios crea al hombre, Satanás comienza a planificar su estrategia para confundirlo y así lograr apartarlo de Dios. Allá en el Huerto del Edén, logró su objetivo mintiendo y engañando a Eva. A pesar de la desobediencia del hombre, luego de su caída, Dios nos prometió un Redentor.

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (talón).” Génesis 3:15.

Desde ese momento, Satanás, conociendo esta promesa de parte de Dios, trató de evitar que nuestro Redentor naciera. Nuestro Redentor sería Jesucristo, procedente de la simiente santa. Luego de haber pecado, Adán y Eva procrearon dos hijos. Por cuanto Adán y Eva fueron creados a imagen y semejanza de Dios, a pesar de su pecado, había semilla santa en ellos. También había entrado en ellos semilla corrupta por su pecado de desobediencia. De esa semilla corrupta nació Caín, y luego de la semilla santa, Abel. Aconteció pasado el tiempo, que Caín sintió celos de su hermano Abel.

“Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.” Génesis 4:8.

Ahora sólo quedaba simiente de maldad, por lo cual el Señor concedió el nacimiento de Set, quien volvió a reestablecer la simiente santa de la cual nacería nuestro Redentor prometido. “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.” Génesis 5:3.

Satanás continuó con su plan y empeño de eliminar o destruir la simiente santa. Cuando se acerca el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, Satanás trata de usar al rey Herodes para destruirlo. “Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.” San Mateo 2:7-8.

Estos magos fueron avisados por revelación, en sueños, que no volviesen a Herodes, y regresaron a su tierra por otro camino. “Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.” San Mateo 2:13. “Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.” San Mateo 2:16.

El niño Jesús, protegido por Dios, siguió creciendo hasta llegar a adulto, y luego comenzó su ministerio. Satanás continuaba con sus planes de detener el ministerio de nuestro Señor. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto y allí fue tentado por el diablo. “Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.” San Lucas 4:12-13.

Luego de la tentación, Jesucristo continuó con su ministerio, y la Palabra nos dice que, Satanás se apartó de Él por un tiempo. Esto significa que él nunca se ha dado por vencido totalmente. “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” San Mateo 16:21-23.

El sacrificio vicario de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del calvario, se cumplió. Satanás no pudo impedirlo. “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron.” San Mateo 50-51.

Como Satanás no pudo impedir el sacrificio de Cristo, desde ese tiempo hasta ahora, se ha dedicado a usar todo lo que puede y a todo el que le es posible, para negar la eficacia del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Algunas de las estrategias que ha usado, han sido mezclar la dispensación de la ley de Moisés con la “Gracia” de nuestro Señor Jesucristo. Por cuanto Satanás conoce la debilidad o ambición humana, por el poder, fama y las cosas materiales, muchos ministros continúan cobrando diezmos, en la dispensación de la “Gracia”. En forma sofisticada, implícitamente le hacen creer a la iglesia de Jesucristo que su salvación depende de obras y en especial, diezmar, ofrendar, etc. Con todo esto, por medio de algunos ministros, Satanás continúa sembrando dudas sobre la salvación eterna recibida por el cristiano por medio de la fe en Jesucristo, la cual se obtiene sin las obras de la ley.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9. “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”. Gálatas 3:10. “ y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).” Gálatas 3:12-13.

Podría citar gran cantidad de porciones bíblicas sosteniendo esta doctrina, pero por razones de espacio, me limitaré sólo a éstas. Como Satanás no ha logrado confundir a toda la humanidad, se ha dedicado a usar ministros para desmentir, restarle valor y desprestigiar el sacrificio de nuestro Señor. Al predicar y enseñar, estos ministros limitan el poder de la sangre de Cristo. Esto lo hacen añadiendo obras a la “Gracia”, como requisitos para recibir y mantener la salvación eterna. Las obras serán hechas, no para alcanzar o mantener la salvación eterna, sino porque somos salvos y damos por gracia lo que hemos recibido por gracia.

Como en el caso del engaño a Eva, Satanás continúa usando medias verdades para confundir, y así poder manipular al cristiano. Ahora su mayor empeño es negar la salvación eterna por “Gracia”. Esto, porque nuestra salvación eterna la recibimos por la fe en nuestro Señor Jesucristo. Satanás mantiene a muchos ministros predicando sobre la posibilidad de perder la salvación eterna. Esa doctrina le resta poder a la sangre de Cristo, exaltando el poder del pecado sobre el poder de la “Gracia”.

La mayoría de estos predicadores no mencionan ni abundan sobre las consecuencias del pecado, ni el juicio del Señor para galardonar o avergonzar al cristiano en “aquel día”.

Cuando aceptamos al Señor como nuestro único y exclusivo Salvador, el Espíritu Santo entra a morar en nosotros para siempre, y nos redarguye de pecado. Si no dejamos de pecar habitualmente, el Espíritu Santo se contristará. El apóstol Juan nos aconseja sobre esta situación o condición. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.” 1 Juan 1:8-10. “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” 1 Juan 2:1.

Si después de haber aceptado al Señor, la persona se aparta y comienza a pecar, pagará las consecuencias del pecado, pero no perderá la salvación eterna. En el Antiguo Testamento encontramos gran cantidad de ejemplos de personas que pagaron por su pecado. Ahora señalaré algunos ejemplos que también hallamos en el Nuevo Testamento.

En Hechos 5 encontramos un caso en el cual una pareja miente e inmediatamente pagan las consecuencias de su pecado. “Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.” Hechos 5:5. “Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.” Hechos 5:10.

En 1 Corintios se nos narra sobre la situación pecaminosa en que estaba un hombre que vivía con la mujer de su padre. “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” 1 Corintios 5:5.

Otro pecado que se señala en 1 Corintios es sobre el hecho de tomar la comunión sin discernir el cuerpo del Señor. La Iglesia es el cuerpo del Señor, y por tanto, el pecado se refiere a no mantener una buena relación con los diferentes miembros del cuerpo. “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.” 1 Corintios 11:30.

También deseo señalar que en 1 Timoteo, Pablo escribe sobre, “algunos que naufragaron en cuanto a la fe”. Pablo se refiere específicamente a Himeneo y a Alejandro, “a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.” 1 Timoteo 1:20b.

En las anteriores porciones bíblicas encontramos que en ninguno de los casos, la persona que cometió el pecado perdió la salvación eterna. Ananías y Safira murieron físicamente, pero la persona a la cual se refiere 1 de Corintios 5:5, fue entregada a Satanás para destrucción de la carne, es decir, para pagar las consecuencias de su pecado. Aquí se establece claramente que todo ese castigo es con el fin de que el espíritu sea salvo. En el caso de 1 Corintios 11:30, la escritura dice que duermen. Cuando la Biblia dice que alguien duerme, significa que murió salvo y que en el Rapto será despertado. “Y los muertos en Cristo resucitarán primero.” 1 Tesalonicenses 3:16b.

En 1 Timoteo 1:19-20, también encontramos que el castigo no es para perder la salvación eterna, sino “para que aprendan a no blasfemar”.