Las Maldiciones Generacionales
¡Que Dios ilumine nuestro entendimiento!
Deuteronomio 21:23b: “Porque maldito por Dios es el colgado”.
Gálatas 3:13: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)”.
Este tema ha sido discutido anteriormente en el libro “Jehová-Jireh”, en las páginas 72-81. Como expresé en algunos de los temas que fueron tratados en el mencionado libro, lo hice con el fin de contestar preguntas o comentarios sobre los mismos.
Hermanos, ya no estamos bajo La Ley de Moisés; ahora estamos en La Gracia. Ministros cristianos, ya es tiempo de apartarnos de los rudimentos de La Ley. Esa fue la gran lucha de Jesucristo, de los apóstoles, y especialmente de Pablo. Parece ser cosa de la carne estar siempre buscando ataduras de las cuales hemos sido liberados. Hay cristianos que se convierten en expertos buzos espirituales. No descansan zambulléndose en lo profundo de la mar, tratando de rescatar sus pecados que fueron sepultados allí por nuestro Dios.
Aún encontramos en el viejo testamento revelaciones de liberación de dichos y creencias. La Palabra de Dios nos dice:
Jeremías 31:29-30: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera”.
En el Capítulo 18 del libro de Ezequiel, hay una explicación mucho más amplia que la expresada en Jeremías 31:29-30. Ezequiel repite lo dicho por Jeremías y agrega otras partes que son muy aclaratorias. Estas declaraciones liberan al pueblo de Dios de posibles dudas sobre el particular.
Ezequiel 18:3-4: “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel. He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá”.
Esto debe liberar las mentes de los cristianos de estar pensando en que si mi padre hizo esto o lo otro; que si en mi familia hay esto y esto otro. La Palabra de Dios es clara y nos liberta. No te dejes confundir por los que se aprovechan de estas creencias para poder manipular o venderte de alguna manera la liberación que no necesitas. Hay quienes te diagnostican una enfermedad, para luego venderte la medicina. No te dejes confundir ni engañar, el Señor ya te ha librado de todas estas cosas.
Ezequiel 18:19: “Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá”.
Ezequiel 18:20b: “La justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”.
Todo lo anterior fue revelado por Dios en el Antiguo Testamento, y hoy día muchos cristianos continúan con estos viejos refranes del pueblo de Israel, los cuales ya han sido abolidos, como pudimos ver.
En el Nuevo Testamento hay mucho más sobre nuestra liberación de maldiciones generacionales. Ahora estamos en la dispensación de “La Gracia” y la ley que impera es el amor de Cristo. En la antigüedad se hablaba de maldiciones hechas por Jehová y los profetas, pero ahora nuestro Señor Jesucristo dice:
Romanos 12:14: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis”.
El ser humano quiere seguir atado, sin importar cuántas escrituras nos expresen las bendiciones de Dios y su misericordia. Luego de pasados los años, y de Jeremías, y posteriormente Ezequiel, haber tratado de aclarar al pueblo de Israel sobre el asunto de la paga del pecado de los padres, después, aún en tiempos de Jesucristo, los discípulos continuaron con las mismas ideas.
San Juan 9:2-3: “Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.
Recomiendo a ministros cristianos que presten mucha atención a estos versículos anteriores, ya que pueden arrojar mucha luz sobre dudas que a veces podemos tener. Sólo deseo señalar que hay algo muy curioso en la pregunta hecha por los discípulos. ¿Cómo puede ser posible que la persona haya pecado para nacer ciego? ¿Pecaría antes de nacer? Lo que deseo señalar aquí es que hay personas que dicen el disparate que sea, con tal de sostener alguna idea o creencia. Hermanos, hay muchas porciones de la Palabra que nos liberan de la idea de estar bajo maldiciones generacionales, y otras nos dan poder para atar y echar fuera demonios en el nombre de Jesucristo.
San Juan 1:11-13: “A lo suyo vino, y lo suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Ahora somos hijos de Dios y nuestra nueva naturaleza y descendencia son divinas. La herencia que poseemos es de nuestro Padre que está en los cielos.
Colosenses 2:14: “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”.
2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
Algunos no logran creer ni entender el poder de la sangre de Cristo y continúan viviendo con el temor de estar bajo el influjo de maldiciones antiguas. Si el ministro que les pastorea está en iguales o peores condiciones, entonces la cosa está bien fea. Con estos temores o miedos infundados, niegan la eficacia del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Ya hemos sido abolidos de toda maldición o decreto que haya sido pronunciado en contra nuestra.
He escuchado a algunos pastores defender la posibilidad de estar bajo maldiciones generacionales debido al historial de algunas familias. Por ejemplo, ellos dicen que de familias de alcohólicos, hay más posibilidades de salir más hijos alcohólicos que de los hijos de no alcohólicos. Me tomaré a mí mismo como ejemplo.
Provengo de una familia donde por muchas generaciones el alcoholismo ha sido un problema. Desde niño estaba envuelto en muchas fiestas. En mi familia había muchos músicos, por tanto, fui criado en ese ambiente. Cuando casi todos estaban embriagados, como niño y en algún descuido de ellos, me tomaba la cerveza o el “palo” de ron. Al seguir creciendo en ese ambiente, lo más normal es que yo llegara a ser alcohólico y así fue. El medio ambiente, la cultura, la familia y tantas otras cosas, fueron factores que influyeron en esta condición. Por el contrario, personas que se criaron en otro ambiente sano, en su gran mayoría siguieron los ejemplos que vieron en las personas que influyeron en ellos, que les modelaron. Es decir, que hoy en día, viviendo en “La Gracia”, no estamos bajo la influencia de ninguna maldición generacional. El medio ambiente en que somos criados y educados son factores influyentes y algunas veces determinantes en cuanto a nuestra formación social y conducta futura.
Las ataduras no son maldiciones generacionales
Hay cristianos que a toda atadura o condición negativa le llaman maldición generacional, por tanto he creído prudente y conveniente tratar de aclarar de la mejor manera posible este asunto.
Cuando escuchamos a ministros que reprenden “maldiciones generacionales” o cualquier otro tipo de maldición, por su forma de expresarse, podemos percibir claramente que están atribuyendo estas maldiciones a Satanás o a sus demonios. Esto sucede debido a la falta de conocimiento bíblico sobre el particular. Primero que nada, ya no existe maldición generacional alguna para el cristiano. En el Antiguo Testamento vemos que estas maldiciones eran pronunciadas por Jehová, los profetas, reyes y otras personas escogidas por Dios. Cualquier persona común no tenía poder para bendecir o maldecir a nadie. De acuerdo con la Palabra, estas maldiciones serían cumplidas, realizadas o ejecutadas por ángeles de Dios o por demonios enviados a cumplir con lo pronunciado.
Maldiciones hasta la tercera y cuarta generación
Cuando hablamos de una maldición de tercera y cuarta generación, estamos diciendo lo siguiente. Una persona recibe una maldición de parte de Jehová, de sus profetas o de alguien con autoridad de parte de Dios, y luego esa maldición será heredada por sus hijos, después por sus nietos, bisnietos y tataranietos. Por más años que estas generaciones hubiesen vivido, jamás pudo haber sido cuatrocientos años. En diferentes secciones del libro “Jehová Jireh”, y aún aquí en este estudio, he señalado que tanto maldiciones, así como bendiciones, sólo pueden ser pronunciadas por Jehová, sus profetas o por alguna persona especial escogida por Jehová. No son muchas las maldiciones que se mencionan en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento no hay maldiciones generacionales; lo que Jesucristo ordena es bendecir y no maldecir. Hace como 2005 años que estamos en la era cristiana, lo que indica que ya han desaparecido todas aquellas generaciones que habían recibido alguna maldición, e igualmente con ellos su maldición.
El hecho de que hoy día no existan maldiciones generacionales, no quiere decir que no existan personas con ataduras demoníacas. En varias ocasiones encontramos en los evangelios, narraciones en las cuales Jesús echa fuera demonios. La Palabra nos dice:
Efesios 6:12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Luego, los versículos siguientes aconsejan sobre la manera de protegerse de todas estas cosas malignas. En caso de que seamos atados por alguno de estos entes espirituales, nuestro Señor nos dio autoridad sobre ellos para echarles fuera en su nombre.
San Mateo 18:18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.
La Palabra de Dios nos advierte que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra potestades, etc.; no dice contra brujería o hechicería popular. La brujería o la hechicería popular, es el producto del poder sobrenatural que se les atribuye o que reclaman poseer algunas personas, y alegan que les capacita para invocar, ordenar, y enviar espíritus a causar daños o beneficios a otra(s) persona(s). Esta brujería o hechicería popular no se menciona ni es reconocida en la Biblia. Esta creencia se ha colado en la iglesia cristiana, procedente de otras culturas. La Palabra también nos promete ciertos poderes a los creyentes, en el nombre de Jesús.
San Marcos 16:17ª: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios”.
Las ataduras malignas son la unión con fuertes ligaduras o cadenas espirituales a cosas, prácticas, etc., no agradables a Dios. Hay diferentes tipos de ataduras como por ejemplo, vicios, desvíos sexuales, prostitución, odios, rencores, temores, y otras actitudes negativas. Algunas de estas ataduras son causadas por demonios, no por brujería ni hechicería popular. Este tipo de atadura es la que se puede romper, como dice San Marcos 16:17ª, reprendiendo los demonios o legiones en el nombre de Jesús. En el caso de enfermedades naturales, es decir, no causadas por demonios, también la Palabra de Dios nos ofrece el remedio.
Isaías 53:4ª: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”.
Isaías 53:5b: “Y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Podemos reclamar estas promesas en el nombre de Jesucristo y será hecho, de acuerdo a la voluntad del Señor. Cuando Pablo se quejó a Dios para que le quitara el problema de su aguijón, Jehová le dijo, “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”. Esto significa que puede haber enfermedades o situaciones negativas en nuestra vida, que el Señor permite con algún propósito positivo. Algunas enfermedades son de índole hereditaria, transmitidas genéticamente a través de los padres o progenitores a sus hijos, lo que a veces por falta de conocimiento, catalogamos como maldiciones generacionales, pero esto no es así, son enfermedades transmitidas genéticamente.
Fueron pocas las maldiciones generacionales pronunciadas en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo no he encontrado ninguna. En Génesis 3:14-19 encontramos que cuando Adán y Eva desobedecen a Dios instigados por la serpiente, Jehová pronuncia las consecuencias que tendrían que sufrir por su desobediencia, e inclusive, también contra la tierra. Esas consecuencias fueron pronunciadas para toda la humanidad, no para una familia en particular. Por esta y otras razones, no creo que deba ser considerada como una maldición generacional. Si alguien cree que este hecho se puede considerar como maldición generacional, en la sección titulada “Génesis 3:16-19 fue anulada”, está el análisis y su anulación como tal.
Josué 6:26 señala el juramento, el cual se considera una maldición sólo hasta la primera generación. Esta maldición es de parte de Josué, pero en el nombre de Dios. La maldición de Eliseo en el nombre de Jehová en 2 Reyes 2:23-24, se efectuó inmediatamente, por tanto no fue generacional.
El caso de Balaam puede aclarar muchos interrogantes que podemos tener sobre este tema de maldiciones. Este Balaam, aunque no era un israelita ni un profeta, es descrito a través de la escritura como un hombre con ciertos poderes de parte de Jehová. Balac, rey de Moab pide a Balaam que maldiga a Israel, pero esa no es la voluntad de Jehová. En estos capítulos (22 al 25), no encontramos la narración del gran pecado de Balaam, el cual es señalado en Números 31:15-16, donde vemos que aunque en cierto modo Balaam quería obedecer a Jehová, su ambición y egoísmo tuvieron más fuerza y lo llevaron a aconsejar a Balac sobre la manera de actuar para hacer daño a Israel. Le aconsejó usar sus mujeres para contaminar a los varones de Israel y así lo hizo Balac, lo que causó mucho daño a Israel. Recomiendo la lectura bíblica de Números, capítulos 22 al 25 y también el capítulo 31.
En 2 Samuel 12, encontramos el caso de David y su pecado. Tomó la mujer de Urías Heteo y luego lo mandó matar. En 2 Samuel 12:9-14, se encuentra la narración de la maldición hecha por Jehová a través del profeta Natán a David y su descendencia. Esta maldición la considero generacional y vitalicia, porque en el versículo 10 dice que jamás se apartaría la espada de la casa de David. En este caso, aunque por la palabra jamás, podríamos asumir que es para siempre, es decir, vitalicia, es diferente a Génesis 3:14-19, porque en el caso de Génesis es para toda la humanidad, lo que significa que no es para una familia en particular, sino para todo el género humano. En el caso de David, la maldición fue pronunciada sólo para él y su familia.
En el Salmo 109:6-20, David se lamenta ante Jehová de la situación que está enfrentando en su pueblo. David está dolido porque él dice que le han pagado mal por bien, que no se detienen hablando mal sobre él. En estos versículos David hace petición a Jehová para que castigue terriblemente a los que le están escarneciendo.
El caso de 1 Samuel 16:14 se podría considerar una maldición, pero no generacional. Debido a los pecados de Saúl, aquí Jehová le envía un espíritu malo para que le torture. Dios, según da la llaga, da el remedio, porque cuando David tocaba el arpa, Saúl sentía mejoría.
En Éxodo 20:5 y Deuteronomio 5:9 está el ejemplo clásico de las llamadas maldiciones generacionales.
Éxodo 20:5b: “porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”.
San Juan 9:1-3: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿Quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.
La escritura anterior muestra que esta creencia continuaba siendo divulgada y aceptada en el pueblo de Israel durante el ministerio de Jesús. Aquí Jesucristo, al igual que Ezequiel, quiere aclarar que no toda situación negativa tiene que ver con maldiciones generacionales. Estas creencias pasaron del pueblo de Israel a los gentiles y continúa siendo aceptada y predicada aún en nuestros días en la iglesia cristiana.
Los dichos de tu boca
Santiago 3:8-9: “Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”.
Junto al tema de las maldiciones generacionales, hoy día también se le ha dado casi igual importancia a las maldiciones o expresiones negativas pronunciadas por cualquier persona común. Toda esta teología o dogma religioso, relacionado con expresiones de personas comunes, tiene su base fundamental o se pretende sostener, con la escritura señalada a principios de este comentario. Al maldecir a alguien, en realidad lo que se está expresando podría ser enojo, desprecio, odio, rencor, desacuerdos, que generan deseos malos o negativos contra esa persona. Estas expresiones negativas pueden causar daños indirectos de diferentes maneras a la persona aludida. Digo daño indirecto, porque la maldición o expresión negativa en sí misma, no tiene poder alguno para causar daño. En realidad quien recibe y sufre el mayor daño, es el que proclama la maldición.
La persona a quien se dirige la maldición puede ser afectada de muchas y variadas maneras. Si la persona cree que esa maldición tiene poder sobrenatural para causarle daño, por el hecho de sólo creerlo, le producirá preocupación, miedo, etc. Cualquier situación negativa que le ocurra, la asociará con esa maldición. Como en el caso de una enfermedad sicosomática, sentirá los efectos de la maldición como una realidad. Pedirá a algún ministro que le reprenda esa maldición, o visitará algún centro espiritista, con el mismo propósito de despojarse.
Ministros, hermanos, amigos, bíblicamente no hay base para sostener esta creencia popular. No debemos tratar de establecer o respaldar dogma alguno que surja por la interpretación errónea de un solo versículo bíblico. Este versículo sólo señala, que de la boca de personas puede salir una maldición, pero en ninguna parte en la Biblia habla sobre la efectividad directa de esa expresión. Con efectividad directa me estoy refiriendo a que esa maldición por sí misma, no posee poder alguno para causar daño. Como señalé anteriormente, puede tener efectividad indirecta, causando daño debido a la creencia de la persona que ha sido mencionada en la maldición. Este daño en realidad no ha sido causado por algún poder sobrenatural de esta maldición o expresión, sino simplemente por los efectos secundarios que se mencionaron anteriormente.
El temor o preocupación por el daño que puede causar una maldición, es semejante al temor a la brujería o a la hechicería popular. En el estudio o comentario que hice sobre hechicería o brujería popular, señalo que, bíblicamente estos conceptos no son reconocidos como tales. No encontramos ningún ejemplo en la Biblia, donde se reconozca daño alguno causado a alguien por el poder de brujos o hechiceros. De igual manera, tampoco encontramos ningún ejemplo de la efectividad o poder de alguna maldición pronunciada por una persona común.
Como expresé anteriormente, el que pronuncia maldiciones en contra de alguna persona, él mismo sufrirá las consecuencias. Señalaré algunos versículos bíblicos en los cuales se confirma la anterior aseveración.
Proverbios 6:2: “Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios”.
Proverbios 10:11: “Manantial de vida es la boca del justo; pero violencia cubrirá la boca de los impíos”.
Proverbios 18:7: “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma”.
Romanos 3:14: “Su boca está llena de maldición y de amargura”.
Los versículos anteriores confirman que el que expresa malos deseos a través de una maldición, él mismo sufrirá las consecuencias.
Proverbios 6:12: “El hombre malo, el hombre depravado, es el que anda en perversidad de boca”.
Proverbios 26:28: “La lengua falsa atormenta al que ha lastimado, y la boca lisonjera hace resbalar”.
San Mateo 15:11: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”.
San Mateo 15:18: “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre”.
Aquí podemos ver que las expresiones negativas o maldiciones comunes populares, pueden afectar indirectamente a la persona involucrada, sólo al conocer la mala voluntad del que la pronuncia.
Proverbios 21:23: “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias”.
Efesios 4:29: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.
Santiago 3:10: “De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así”.
Santiago 5:16: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.
Estas porciones bíblicas aconsejan guardarse de estar hablando cosas negativas, las cuales, aunque no tengan poder en sí mismas para causar daño directo, el daño sería indirecto.
¡Que el Señor nos guíe a todos!
Pastor Álvaro Rolón