Nuestra lucha espiritual y la sanidad física

Nuestra lucha espiritual y la sanidad física

Nuestra lucha espiritual y la sanidad física

Amados, que la luz del Señor alumbre vuestros caminos.

Es mi deseo continuar con la serie sobre: “Los Rudimentos de la Doctrina de Cristo”. Abundaré con relación a nuestra lucha espiritual y a la sanidad física.

Nuestra unión y relación con Cristo ahora, en este mundo, es un proceso que continuará, mientras estemos aquí. La salvación eterna, que incluye todos los diferentes tiempos o aspectos de los actos y procesos redentores, los disfrutaremos totalmente, es decir, a plenitud, cuando hayamos partido de este mundo. Mientras estemos aquí, en este cuerpo, y rodeados de estas circunstancias, tendremos que esforzarnos para poder disfrutar parcialmente de estos actos y procesos redentores. Por esta razón, Colosenses 3:1-3 nos dice:

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”.

En esta porción bíblica podemos captar la exhortación que se nos hace a esforzarnos para: “buscad las cosas de arriba”, y para “poned la mira en las cosas de arriba…” Hermanos, lo que deseo que entiendan es que en este mundo tenemos que luchar, especialmente con la carne, para mantener una buena relación o comunión con Dios. Es una lucha que sólo terminará cuando partamos a morar con el Señor.

Satanás fue vencido por nuestro Señor en la cruz del Calvario, y cuando le aceptamos, está vencido por nosotros también. Para nosotros estará vencido, siempre y cuando mantengamos una buena comunión con Dios. Si nos descuidamos espiritualmente, Satanás y sus demonios nos pueden influenciar, aunque ya no nos pueden poseer. Nuestro Señor nos dejó claramente expresada la forma o manera de combatir y mantener a nuestro enemigo bajo nuestros pies.

San Marcos 16:17 dice: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios”.
También Santiago 4:7 agrega: “Someteos, pues a Dios; resistid al diablo y huirá de vosotros”.

En Efesios capítulo 6, desde el versículo 10 hasta el 18, la palabra nos brinda una explicación clara y detallada de los diversos pasos a seguir para combatir a Satanás. El versículo 12 nos advierte que no tenemos lucha contra sangre y carne. Al aceptar a Jesucristo recibimos las instrucciones, las herramientas o armas necesarias para el combate. Hablo de combate porque al aceptar al Señor entramos a una guerra espiritual, que continuará durante toda nuestra vida. En el contenido de las citas bíblicas señaladas anteriormente podemos ver que, depende de nosotros, es decir, de nuestro esfuerzo, poder mantener a Satanás y a sus demonios apartados de nosotros. Satanás ha sido vencido por Jesucristo y si nosotros obedecemos y seguimos el proceso señalado en la biblia, le tendremos vencido también. No me canso de repetir, que este es un proceso que sólo tendrá su fin, cuando estemos con el Señor. En este mundo tendremos que pelear una guerra constante, día y noche durante todos los días de nuestra vida terrenal, hasta el fin. Por tanto, San Juan 16:33b dice:

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.

Ahora comentaré sobre nuestra sanidad física.

Generalmente, muchos cristianos memorizamos unos textos bíblicos que nos hacen sentir bien. Esto está correcto, siempre y cuando lo tomemos en un sentido amplio, de acuerdo a la voluntad de Dios. Tenemos que entender que la última palabra la tiene el Señor. Si su voluntad es que sanemos, sanaremos. También nos podría decir como le contestó a Pablo cuando éste le rogó tres veces que quitara de él aquel aguijón. En 2 Corintios 12:9 le dijo: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Uno de los pasajes más memorizados es Isaías 53:4-5 que dice:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

Hermanos, “por su llaga fuimos nosotros curados”. Nuestra fe y esperanza es que llegará el día de nuestra resurrección, de nuestra redención eterna, en que recibiremos cuerpos glorificados. Entonces disfrutaremos para siempre junto al Señor sin ninguna enfermedad. Aquí en este mundo estamos potencialmente sanos; en la cruz del calvario Jesucristo llevó nuestras enfermedades, o sea, que existe la posibilidad de sanar de cualquier enfermedad. El sanar o no, depende de nuestro Dios todopoderoso, es decir, de su propósito para nuestra vida. Quizás esa enfermedad es la que te acerca más a Dios. Muchas enfermedades graves han guiado a inconversos a aceptar al Señor. Nuestro Señor Jesucristo, en la cruz del Calvario, suplió o proveyó para nuestra sanidad. Esto lo podríamos entender como en el caso de una semilla. La semilla tiene el potencial o posibilidad para germinar. No toda semilla germina, porque depende de las condiciones o de un ambiente propicio para que germine. Gracias a nuestro Señor, nosotros tenemos potencialmente la posibilidad de sanar de cualquier enfermedad, pero si no sanamos, debemos sentirnos en paz porque sabemos que Dios nos ama y que todo será para bien de nuestras almas, aunque en el momento no lo entendamos. Romanos 8:2ª nos dice:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

Me sentí estimulado a preparar este estudio, porque por la radio escuché a dos ministros que discutían en desacuerdo sobre este tema. Creo que pretender saber todo sobre Dios y sus designios es algo ignorante. Los humanos, a través de nuestro estudio de la palabra, podemos alcanzar alto conocimiento sobre el Señor, pero jamás todo sobre Él. Con este estudio sobre la sanidad física, podremos conocer la variedad de situaciones y razones por las cuales algunas personas no sanan. Por no escudriñar la palabra, muchos hermanos tienen la idea de que en la iglesia primitiva todo era milagros y milagros. Por esta razón me he dado a la tarea de buscar algunos ejemplos bíblicos en la iglesia apostólica, donde algunas personas sufrían enfermedades y no eran curadas milagrosamente. Deseo añadir que algunas de estas personas eran apóstoles y hombres apostólicos.

Hermanos, cuando el hombre pecó, desobedeciendo al Señor y escuchando a Satanás, quedó separado de Dios. Génesis 3:17 nos dice que la tierra fue maldita y las enfermedades comenzaron a manifestarse. Debido a esto es que encontramos en Romanos 8:22-23, que nos dice que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. El libro de Job 5:18 nos dice: “Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere y sus manos curan”. Luego los versículos 19 al 27 continúan enfatizando lo expuesto en el versículo 5:18. De esta escritura se desprende el dicho de que:

“Dios según da la llaga, da el remedio”. Ezequiel 47:12 dice: “Y junto al río, en la rivera, a uno y a otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina”.

Aquí vemos que aunque Dios maldijo la tierra, lo cual trajo como consecuencia las enfermedades, nos dejó las hojas de las plantas para medicinas. En el libro de Números 21:5-9 encontramos que el pueblo de Israel habló contra Dios y contra Moisés. “Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel”. El pueblo vino a disculparse con Moisés. Moisés clamó a Jehová, y Jehová le dijo que hiciera una serpiente de metal. Cuando alguien fuese mordido miraría a esa serpiente de metal y sanaría. Aquí vimos otro caso en que Dios da la llega y el remedio.

En Números 12:1-16 encontramos que María y Aarón, hermanos de Moisés, hablaron contra Moisés. La ira de Jehová se encendió contra ellos y María quedó leprosa. Luego Moisés rogó al Señor que la sanara. El Señor la sanó después de estar fuera del campamento por siete días. María fue perdonada, pero tuvo que pagar las consecuencias de su pecado.

Isaías, conocido como el profeta mesiánico, en el capítulo 53:45 de su libro nos dice que, “por su llaga fuimos curados”. Sin embargo, encontramos en 2 Corintios 12:7-9 y en Gálatas 4:13-14, que Pablo rogó tres veces al Señor y no fue sanado. Esto significa que vamos a encontrar casos en que por más que el ministro ore y declare sana a una persona, si no es la voluntad de Dios, no sanará. ¿Tendría fe Pablo en su oración? Yo creo que sí, pero Dios sabía algo que luego le fue revelado a Pablo. Pablo entendió que su sanidad no convenía, que él necesitaba aquel aguijón para recordarle su condición humana, o sea, su dependencia de Dios.

En 1 Timoteo 5:23, Pablo le sugiere a Timoteo lo siguiente: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades”. Creo que no muy a menudo hablamos sobre estos temas. Para las personas que piensan que en la iglesia apostólica todo era a base de milagros, les tengo una pregunta. Siendo Timoteo como hijo adoptivo de Pablo, ¿sería posible que Pablo no hubiese orado por la sanidad de Timoteo? y ¿qué de sus frecuentes enfermedades? Hermanos, aquí hay tela para cortar. ¿Sería sólo Timoteo el que se enfermaba con frecuencia? En 2 Corintios 11:29ª Pablo dice: “¿Quién enferma y yo no enfermo?” Los expertos en milagros pensarán, y ¿por qué Pablo en lugar de sufrir por los que enferman, simplemente no los declara sanos en el nombre del Señor, y ya?

En Filipenses 2:25-30 Pablo está hablando sobre su compañero Epafrodito, el cual enfermó y casi muere. El libro de San Marcos 6:1-6 nos revela que el Señor no sanó a muchos en aquel lugar, debido a su incredulidad, o sea a la falta de fe.

Contrario a los casos señalados anteriormente, encontramos en Hechos 5:14-15 que cuando Pedro pasaba, aún con su sombra muchos sanaban. También en Hechos 9:36-42 encontramos que Dorcas enfermó y murió, pero fue resucitada. San Juan 11:4-15 nos relata sobre la resurrección de Lázaro, aquí en el versículo 4 nuestro Señor Jesucristo declaró, “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. El caso presentado en San Juan 9:1-41, sobre la curación de un ciego de nacimiento, el Señor nos dice que la razón de haber nacido ciego y luego ser curado fue, “para que las obras de Dios se manifiesten en él”.

Hermanos, todos estos ejemplos que he presentado, tienen como propósito dejar establecido que para cualquier acto o suceso en nuestras vidas, hay alguna razón, la cual el Señor conoce. Es muy bueno aprender… aprender, estudiar… y estudiar, pero no pretendas tener una explicación para toda situación de la vida. Sólo el Señor sabe todo. A su nombre sea la gloria. Amén.

Por, Pastor ALVARO ROLÓN